Golpeada, no derribada

Siempre he pensado que lo que determina el valor de tus sueños, es la capacidad de sacrificio que estás dispuesta a dar por ellos.

Hace 4 meses conseguí el objetivo deportivo por el que llevaba luchando varios años.

Pero como casi todo en la vida, no hay días soleados sin tormentas previas y posteriores.

Semanas antes de correr el Medio Maratón de Valencia, empecé a notar una molestia en la rodilla izquierda que cada vez se acentuaba más y me impedía terminar los últimos entrenos. Sinceramente, no le di más importancia que la creía que tenía. Así que opté por suprimir los entrenamientos finales para llegar en perfecto estado al día D y la hora H.

El trabajo estaba hecho y como en otras ocasiones, pensé que sería una sobrecarga por la cantidad de km’s acumulados durante meses. Pero, por desgracia, esta vez fue distinto.

El día del Medio Maratón, empecé a sufrir a partir del km 8. Física y mentalmente iba en el mejor estado de forma que había tenido hasta ese momento, pero sabía que algo no iba bien en la rodilla. El dolor aumentaba a medida que avanzaban los km’s, la cabeza se mantenía firme siendo consciente de lo que había costado llegar hasta allí y el cuerpo se encargó de darme la recompensa por el trabajo bien hecho.

Cuando crucé la línea de meta, empecé a cojear. Confiaba en que unos días de parón me devolverían el estado habitual de la rodilla. De nuevo, volvería a equivocarme.

Han sido 4 meses jodidos. Muy jodidos. No sólo por la importancia que tiene en mi vida el deporte (estoy apartada de cualquier tipo de actividad física desde octubre y limitada a desplazarme con muletas) sino porque ha afectado a todos los ámbitos que me rodean, derrumbando el orden de las cosas.

Visitas continuas a médicos y hospitales, pruebas médicas, reclamaciones, diagnósticos erróneos, una baja laboral que ha hecho tambalear el puesto que tanto me había costado conseguir, viajes cancelados y perdidos, ilusiones frustradas y un estado anímico que ha ido en declive desde entonces.

A día de hoy, sigo en la lucha por volver a recuperarme. Este miércoles, por fin, obtuve el diagnóstico definitivo: Condropatia rotuliana de grado III-IV y Síndrome de la cintilla iliotibial. Lo que se traduce en tratamiento de pastillas, dos tipos de rehabilitación distintas e infiltraciones para intentar evitar pasar por quirófano.

Dejo aparcadas las zapatillas durante 2017 con el único objetivo de que el largo proceso de recuperación funcione, se descarte la operación y pueda volver al asfalto el año que viene.

Porque si algo tengo claro, es que aunque tenga que renunciar a la larga distancia y a ciertos ritmos en carrera, nunca dejaré de hacer lo que me provoca una sonrisa a diario.

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#keepfighting

Bienvenidos

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.

Vuelvo.

Con la madurez que aporta el paso del tiempo y la inexperiencia ante todo lo que nos queda por recorrer.

Con la maleta llena de aprendizaje y un equipaje aún por descubrir.

Con las cicatrices de las caídas y las alas para alzar el vuelo.

Con las derrotas en los bolsillos y los triunfos en el horizonte.

Con las lágrimas en la almohada y la sonrisa al viento.

Porque lo curioso de los planes es que no tienen en cuenta lo inesperado, así que cuando nos tiran la pelota, tenemos que improvisar.

Y quizá todo lo que necesitemos, sea eso.

Lo esperado para comenzar y lo inesperado para cambiar nuestras vidas.

¿Me acompañas en el viaje?

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